• Evitar el despilfarro alimentario

Evitar el desperdicio de alimentos con el slow cooking

El Slow Food nació como rechazo a esta tendencia que vivimos día a día de hacer las cosas lo más rápido posible, especialmente en la comida. Porque vivimos en una sociedad donde cocinamos deprisa (si es que cocinamos) para poder comer deprisa y no perder el tiempo para alimentarnos.

Así, esta nueva tendencia llamada Slow Food defendía cocinar con cabeza, para comer con atención saboreando cada bocado. Pero también, valorando la calidad, tanto de lo que comemos (valorando la procedencia de las materias primas y de los ingredientes), como de cómo lo cocinamos (slow cooking).

Slow cooking

Slowcooking y comer con consciencia

De una manera natural, del Slow Food nació el Slow Cooking. Una tendencia que reclama nuestro tiempo para cocinar, para hacerlo en familia y para generar platos sabrosos y saludables.

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Slow cooking vol evitar el malbaratament d'aliments.

Pero el Slow Cooking quiere ir un paso más allá evitando el desperdicio de alimentos. Una lacra que también caracteriza a nuestra sociedad occidental donde las prisas hacen que, a menudo, compremos más de lo que necesitamos, olvidemos en un rincón de la nevera lo que se está a punto de dañar o tiramos productos que llevan caducados seis meses (o más) perdidos en un armario.

Photo by nrd on Unsplash

Me contaba un amigo que, durante el confinamiento, el aburrimiento le llevó a organizar su despensa. Tiró latas que llevaban más de dos años caducadas, unas infusiones que no recordaba que guardara y descubrió un bote de nueces en un rincón cuando en su casa tanto él como sus hijos son alérgicos a los frutos secos. Todo un misterio.

Slow Cooking y el freno al despilfarro de alimentos

Uno de los aspectos que también me atrae del Slow Cooking es esa capacidad de aprovechar al máximo todos los productos y la conciencia de evitar envases. Cuando mis hijos eran pequeños, una vez por semana hacía su plato preferido, llamado “conloque”. Que resultaba que siempre era diferente y que nunca se podía repetir la receta porque se hacía con lo que había en la nevera ( “cono lo que hay”). Esta tradición familiar (que heredé de mi madre) es un gran invento para fomentar la cooperación y la creatividad en la cocina (ya que es necesario que los pequeños también participen!) Y te permite un máximo aprovechamiento de los alimentos. Además, de una tarde divertida con tus hijos.

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Photo by Hannah Tasker on Unsplash

El despilfarro de alimentos en números

slow cooking i el malbaratament d'aliments

Es evidente que cuando tiramos comida a la basura porque se ha estropeado, estamos tirando dinero (nuestro dinero). Pero debemos ser conscientes de que tiramos mucho más: de acuerdo con los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), un tercio de los alimentos producidos anualmente para consumo humano en el mundo no son ingeridos para nadie y terminan en la basura. Y con ellos la energía, los envases, el agua … que han sido necesarios para generar estos alimentos.

Se calcula que cada año, en Europa, se derrochan 88 millones de toneladas de alimentos, es decir, el equivalente a 173 kg por persona. Y 65% de este desperdicio se produce en nuestros hogares. Son números que nos deberían hacer pensar.

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10 tips per evitar el despilfarro alimentario

Si con todo esto crees que es necesario evitar el derroche alimentario, te ofrecemos 10 tips para que empieces a ponerlos en práctica.

  1. Planifica un menú semanal. Al principio puede resultar difícil. Pero te proponemos que, durante dos semanas, apuntes cada día todo lo que comáis para el desayuno, almuerzo y cena. Pasadas dos semanas revisa todas las comidas. Esta lista te servirá tanto para ver si coméis de manera equilibrada y variada, como para saber qué hay que comprar cuando vayas a mercado.
  2. Revisa la nevera y la despensa. Imprescindible si no te quieres encontrar con 20 latas de atún o con 4 botes de café. Un buen sistema es apuntar en una lista en la nevera todo lo que se ha acabado o que está a punto de terminarse. Después hacer la lista es mucho más cómodo y rápido.
  3. Compra lo que necesites y en la cantidad que necesites. No desperdicies por un “por si acaso”.
  4. Comprueba las fechas de caducidad y ponte más al alcance todo aquello que caduque antes. Si compras yogures, ponlos detrás de los que ya tenías en la nevera. Y siempre en primera línea lo que caduque antes.
  5. Compra fruta y verdura de temporada y, si es posible, también de proximidad. Te aportarán muchos más nutrientes y su coste será más bajo. Además, si consumes de proximidad estarás contribuyendo tanto a tu comunidad como al planeta. Pero además, compra en pequeñas cantidades, lo que necesites para los próximos 3 días.
  6. Conserva los alimentos de manera adecuada. Las conservas de pescado, por ejemplo, no es necesario que vayan en la nevera (a menos que sean semiconservas), la fruta y la verdura mejor en el cajón de debajo de la nevera, los yogures y lácteos arriba … consulta la manera correcta de conservar cada alimento, evitarás tirarlos.
  7. Si hace calor, la fruta y la verdura se estropean más rápidamente fuera de la nevera. Deja fuera la que tengas que consumir en breve o compra en pequeñas cantidades.
  8. Apuesta por los productos no procesados. A ti te aportarán más salud y el planeta, menos residuos. Los productos procesados ​​llevan grasas, azúcares, conservantes y sal en exceso que pueden afectar tu salud. Además, suelen ir con envases y embalajes, residuos difíciles de eliminar.
  9. En la cocina, creatividad y aprovechamiento. Con la cabeza y las espinas del pescado puedes hacer un buen caldo con el que cocinar un sabroso arroz. Con las verduras feúchas se puede hacer una buena crema o una salsa estupenda para una pasta. Inventa platos nuevos con lo que ha sobrado de la cena. Y convierte el pan seco en unas fantásticas “migas” o en un maravilloso pudding.
  10. Come con conciencia. Sabiendo de dónde vienen los alimentos, saboreando poco a poco y aprovechando al máximo.
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Photo by Antoine GIRET on Unsplash

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