Adolescencia, dónde está mi bebé?

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Decía el gran Carles Capdevila que sabes cuando tu hijo o hija ha llegado a la adolescencia porque cuando le preguntas que hace dice “nada”, donde vas dice “a ninguna parte” y con quién vas, y contesta con “nadie”. Entonces “por qué preocuparse por un adolescente que no hace nada y no va a ninguna parte con nadie?”, preguntaba. E increíblemente llega un día donde oyes estas respuestas por primera vez y te partes de risa por fuera (y te mueres de miedo por dentro: la adolescencia ha llegado!! donde es mi criatura?

La respuesta no es sencilla, pero si has estado al lado de tu “criatura” durante los años previos a esta etapa, este será un camino natural. Si has estado más ausente, quizás te constará más reconocer en quién se ha convertido tu bebé.

La adolescencia la misma etapa para todos?

Como madre de tres adolescentes, puedo decir que he vivido y estoy viviendo tres adolescencias completamente diferentes. Si a esta experencia, le sumo la mía propia, la de mi pareja y la de mi hermano, pues resulta que tengo 6 tipos de adolescentes con muchas más cosas divergentes que en común.

Por lo tanto, cuando oigo que la adolescencia es una etapa rebelde, yo puedo demostrar con casos reales que sí y que no al mismo tiempo. Si me dicen que es un momento de reafirmarmació personal, puedo responder que quizás sí o quizás no.

Y cuando me dicen que durante la adolescencia la comunicación entre padres / madres e hijos / hijas deja de fluir … pues eso … que depende del caso. Que no sólo depende de los padres o de los hijos, sino sobre todo de cómo estaba nuestro nivel de comunicación, afecto, sinceridad y capacidad crítica antes de llegar a esta etapa.

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La adolescencia mejora con el tiempo

Carlos González, reconocido pediatra y autor de varios libros, explicaba sobre el tema “Los adolescentes tienen sus cosas, por supuesto. Pienso que hay que considerarlo un trastorno hormonal. Enfadarse con tu hijo porque da un portazo o una mala respuesta es como enfadarse con tus padres o abuelos para que se olvidan de las cosas. Con la diferencia que tus hijos mejorarán con el tiempo.

“La adolescencia es la única época donde he aprendido algo”.

Marcel Proust

Pero las cosas de los adolescentes son poco si la relación es buena. En general los adolescentes son simpáticos, cariñosos y amables, y sólo de vez en cuando se les cruza un cable. Pero, claro, si arrastramos una mala relación desde la infancia … Si hemos entrenado cuidadosamente a nuestros hijos para que sepan que no pueden llamarnos a medianoche porque no iremos (y de día muchas veces tampoco), si les hemos enseñado a hacer las cosas a escondidas porque si nos enteramos les gritamos, insultamos y castigamos … Como podemos esperar que, diez años después, nos cuenten sus problemas? “

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Si bien es cierto que la adolescencia tiene una importante vertiente hormonal, hay que tener claro que no todo acaba aquí, porque esta etapa es tanto un fenómeno biológico, como cultural y social.

Una etapa vital y social

Cultural y socialmente tendemos a considerar la adolescencia como una etapa vital negativa que hace de puente entre la infancia y la edad adulta. Y digo negativa, porque en nuestra mente colectiva se ha dibujado la imagen de un / a adolescente como el de una persona inestable, insegura, tensa y frustrada, con una clara tendencia a rebelarse contra cualquier autoridad y en permanente conflicto personal.

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Y sin embargo, muchas veces olvidamos que este es su momento para empezar a ganar más autonomía, de asegurar su autoestima, de explorar y asumir más responsabilidades. Y, sí, claro, esto puede provocar ciertas tensiones en el entorno familiar, pero al mismo tiempo nos dan una riqueza extraordinaria.

Las armas para una buena adolescencia más slow

No nos engañemos, de momentos frustrantes, tanto para los padres como para los hijos e hijas, llegarán hagas lo que hagas. Pero también han estado presentes en cualquier etapa anterior. De hecho, están en cualquier relación de convivencia. Asumirlo, es importante para quitar hierro a muchas situaciones.

Siempre digo que para mí, la crianza se ha basado en verter todos mis sentidos en ella. Los 7: el oído, el olfato, la vista, el gusto, el tacto, el sentido del humor y el sentido común. Y la adolescencia no es más que otra etapa de esta crianza donde he descubierto que el oído (escucharles mucho), el tacto (abrazarlos siempre que se dejen), el olfato (sobre todo cuando llegan a las 5 de la mañana después de estar con los amigos), la vista (confiando en ellos al tiempo que sigues mirando, ahora más en la distancia), el gusto (vigilando qué, cómo y cuánto comen y si su manera de hacerlo lo cambia) son muy importantes.

Pero el sentido común y el sentido del humor cobran en esta etapa un protagonismo muy importante. 

El sentido común entendido como un cúmulo de reflexiones y vivencias. Y no como lo que haría todo el mundo o lo que opina la gente. Y el sentido del humor entendido como una manera de reír juntos, y no como una herramienta para ridiculizar nadie.

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