• slowlife y el tiempo
  • el tiempo en el slowlife
  • el tiempo en el slowlife
  • imaginación en el slowlife

Slowlife: dominas el tiempo o el tiempo te domina a ti?

Esta es una de las primeras preguntas que nos deberíamos plantear antes de entender qué es el slowlife o la vida slow: ¿dominas el tiempo o el tiempo te domina a ti? 

No deja de ser curioso que en la época histórica que, en teoría, tenemos más bienestar, que dedicamos más tiempo al ocio y disfrutamos de más tecnología para el entretenimiento, el tiempo sea un bien tan escaso.

slowlife y el tiempo

De hecho, esta es la pregunta con la que abro muchas de mis charlas. La respuesta de la mayoría es: “yo organizo mi tiempo, por lo tanto yo domino el tiempo”. Pero después viene la segunda pregunta: “¿Qué es lo primero que haces por la mañana al abrir los ojos?”. Y la respuesta es unánime “Mirar la hora”.  

Y no solo lo miramos. Sino que además, esos números que aparecen en nuestro despertador o en nuestro móvil marcan la acción que realizaremos inmediatamente después. Si es temprano, nos giraremos y pensaremos aquello de “por favor, por favor, duérmete otra vez”. Si es tarde saltaremos de la cama, nos vestiremos en un suspiro y correremos (y así, con esa ansiedad, el resto del día). Si es la hora significa que nuestra rutina acaba de empezar.

El slowlife reflexiona sobre el tiempo

No es que el slowlife o la vida slow promueva olvidarse del despertador o no tener horarios. ¡Ojalá!. Pero no. Lo que promueve es que seamos conscientes de este aspecto y que le pongamos freno en la medida de lo posible.

Tu tiempo es limitado, así que no lo malgastes viviendo la vida de otro… Vive tu propia vida. Todo lo demás es secundario

Steve Jobs

Si echamos la vista atrás vemos claramente que lo del estrés es algo que caracteriza nuestros días, nuestra era. El estrés entendido como esa sensación malsana de no tener tiempo para llegar a todo. Sin embargo, nuestras abuelas lidiaban cada día con un montón de tareas que requerían un montón de tiempo, y que hoy se hacen mucho más rápido, y esa sensación de no llegar a todo a penas existía.

No tengo tiempo

“Me encantaría hacer yoga, pero no tengo tiempo”. “Me gustaría ir a visitar a mi madre más a menudo, pero no tengo tiempo”. “Qué suerte tú que puedes salir a pasear con tu pareja, yo no tengo tiempo”. El “no tengo tiempo” se ha convertido en nuestra bandera. (¿o nuestra excusa?)

Pensemos. Hoy en día disponemos de lavaplatos, lavadoras (que hasta detectan las manchas), cocinas de inducción, planchas maravillosas, ollas a presión, robots de cocina, neveras de última generación, congeladores, aspiradoras (¡que aspiran solas!), microondas, supermercados donde comprar de todo con un solo clic… Mientras que ellas (nuestras abuelas) lidiaban con el lavadero público o el río, las cocinas económicas (sí, esas de leña), planchas calentadas al carbón, la compra diaria en varios comercios, las cazuelas de toda la vida donde unos garbanzos tardaban 4 horas en cocerse, fregaban el suelo a mano y de rodillas… Y además trabajaban en el campo y tenían hasta 8 hijos.

Estrés y dominar el tiempo en la vida slow

No me malinterpretéis. Desde nuestro punto de vista aquellas mujeres fueron unas heroínas y si hoy estamos aquí es buena parte gracias a ellas. La pregunta es ¿dónde ha ido a parar todo ese tiempo que en teoría nos hemos ahorrado con todos esos artilugios nuevos que ellas no tenían? 

Photo by Fabrizio Verrecchia on Unsplash

 

Una vida sin tiempo versus slowlife

La respuesta no la he econtrado aún. Pero lo que está claro es que nuestra sociedad nos obliga a seguir un ritmo vertiginoso convertiéndonos en esclavos del tiempo.  Una sociedad que nos exige ser productivos y que esa actividad sea lo más rentable posible. Sufrimos una incapacidad para parar y no hacer nada productivo que transmitimos a nuestros hijos, sumergiéndolos a ellos también en esa vorágine de la optimización del tiempo. Llenando su día a día de actividades infinitas, de extraescolares, de deberes… y sufriendo una agonía cada vez que nos dicen: ¡me aburro!

imaginación en el slowlife

Photo by Max Felner on Unsplash

¡Y qué! En el Slowlife o vida slow, aburrirse es sano. La imaginación se dispara y con ella la creatividad. Cuando nos aburrimos, buscamos compañía y los lazos se estrechan con una buena charla. Cuando nos aburrimos descubrimos nuestras aficiones, nos fijamos en lo que nos rodea y, lo más importante, en quién nos rodea. No es malo aburrirse. No es malo no hacer nada. Eso nos da más poder para dominar nuestro tiempo.

Slowlife o el tiempo no me domina

El tiempo no me domina con el slowlife

El Slowlife o la vida Slow no ofrece una solución mágica y mucho menos unitaria para todo el mundo. Sino más bien es una invitación a pensar a qué dedicamos nuestro tiempo. Cómo lo usamos. Por qué corremos. Por qué vivimos angustiados por perderlo.

Photo by Aron Visuals on Unsplash

Una vez, en una aldea africana, un anciano, viéndome agobiada mirando el reloj porque la persona con quien había quedado llegaba tarde, me dijo sonriendo “los europeos tenéis los relojes, los africanos el tiempo”, y continuó “tómate un té conmigo y dejarás de esperar, porque estarás tomando un té conmigo y no esperando”.  Aquel día aprendí mucho sobre el tiempo, aunque entonces no lo supe ver.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *