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Tiempo de ocio o el arte de no hacer nada

publicado en: MINDFULNESS, MY SELF, OCI, VIVE SLOW, VIVE SLOW | 0

Hace unos 150 años las personas apenas podían sacar adelante su día a día como para pensar en su tiempo de ocio. Sólo los más ricos podían permitirse el lujo de disfrutar de un tiempo para no hacer nada “productivo”, de un tiempo de ocio como cuidar de sus rosas, ir a la ópera, montar a caballo o tomar el té con los amigos.

Temps d'oci prenent un copa de vi o llegint un bon llibre
Photo by Aliis Sinisalu on Unsplash 

Cuando los obreros de las fábricas lucharon por su derecho a trabajar menos horas y en mejores condiciones, surgió aquel lema del 888. Una idea que nos aseguraba que podríamos dedicar 8 horas a trabajar, 8 horas a dormir y 8 horas más a la ocio. Y hubiera sido un trato genial si no fuera porque nadie previó que de las horas de la familia o de dormir saldrían las que necesitamos para llegar al trabajo haciendo largas colas, las de ir a comprar a toda prisa en el supermercado, las de las tareas del hogar, las de llevar a los hijos a los extraescolares … Y así poco a poco, las volvimos a perder.

¿Inventos para tener mas tiempo libre?

A lo largo del siglo XX y en lo que llevamos del XXI, nos hemos dedicado a buscar ese tiempo. Y para ello hemos tirado de ingenios que lo libera (lavadoras, lavavajillas, cocinas de gas o de inducción, microondas, aspiradoras, tostadoras, neveras, congeladores …), a la vez que se inventaban otras maneras de malgastarlo.

Temps de lleure o l'art de no fer res

Porque aquel tiempo que habíamos recuperado de las tediosas tareas del hogar y del trabajo (¿alguien se acuerda como se enviaban los archivos antes de internet?), se nos escurrió entre los dedos. El reloj pasó a ser el dueño de nuestras vidas y, hoy en día, sufrimos las consecuencias de su tiranía.

Photo by Aki Tolentino on Unsplash

Cada vez se nos exige que seamos capaces de hacer más cosas en menos tiempo, que seamos multitareas. Que las mujeres no sólo sean profesionales o madres, sino que hagan ambas cosas y lo hagan en el menor tiempo posible, porque también deben ser mujeres, amigas, hijas, vecinas, parejas …

“Los ratos de ocio son la mejor de todas las adquisiciones”. 

Sòcratres

Y de hecho, hacer más de una cosa al mismo tiempo nos parece algo muy inteligente: comer mientras leemos el diario o miramos la tele, contestar mails desde el coche, terminar un informe mientras cocinamos … yo tengo una amiga que diseña para sus clientes en el coche (se lo ha comprado con wifi) mientras espera que sus hijas salgan de rítmica.

Nuestras vidas se han convertido en un intento continuo de meter el máximo de cosas posibles por hora.

¿Y el tiempo para no hacer nada?

Y así, el reloj ya no es una herramienta de consulta, sino un tirano que te marca lo que debes hacer en cada momento y que te reta constantemente a que el ganes. Y sin darnos cuenta transmitimos este ritmo acelerado en toda nuestra vida, también en el tiempo de ocio.

Todos estamos de acuerdo en que para realizarnos como personas necesitamos dedicar un tiempo al ocio. Un tiempo para liberar la mente de nuestra rutina, para hacernos sentir bien, para cultivar nuestras pasiones y nuestras aficiones … para respirar. “.

Sin embargo, el capitalismo ha visto un filón en esto que pasáramos un rato fuera del trabajo y que tuviéramos tantas ganas de reivindicar nuestro tiempo de ocio. ¿El resultado? Un gran abanico de posibilidades para llenar los pequeños espacios de ocio con actividades de pago.

Temps d'oci per viure de manera desaccelerada

“De vez en cuando desaparece, tomate un pequeño descanso, porque cuando vuelvas a tu trabajo tu criterio será más acertado. Tómatelo con cierta distancia, para que así el trabajo parezca más pequeño, la mayor parte se puede asimilar en un abrir y cerrar de ojos, y la falta de armonía y la proporción es más fácil de ver “. Leonardo da Vinci.

Photo by Zach Betten on Unsplash

La vida acelerada que vivimos nos hace consumir este ocio rápido de manera compulsiva. Ya no hay tiempo para el tedio porque tenemos una gran oferta de salidas, experiencias, actividades a nuestro alcance. Siempre, evidentemente, después de pagar su precio. Y nos creemos que esto es tiempo de ocio. Tiempo para vivir experiencias aceleradas que no nos permiten descubrirnos ni descubrir todo lo que tenemos a nuestro alrededor.

Disfrutar del tiempo de ocio

Acostumbramos a nuestros hijos a este tipo de ocio y les enseñamos que su tiempo es tan valioso que no se puede perder en tonterías como mirar el cielo, pasear por el campo o inventarse un juego al que es posible que sólo juegue una sola vez. Llenamos su tiempo con extraescolares que creemos los harán más productivos cuando sean adultos. Ya no les damos la posibilidad de aburrirse (de hecho está mal visto), a pesar de que el aburrimiento es el motor más grande para la creatividad y la imaginación, dos de las cualidades más valoradas en nuestra sociedad.

El temps de lleure dels infants ha de deixar volar la seva imaginació
Photo by michael podger on Unsplash 

Y así cuando nuestros niños, nuestros adolescentes o nosotros mismos nos aburrimos, eliminamos todos estos estímulos que nos invaden a diario e intentamos disfrutar de un tiempo que nos hemos ganado a pulso, nos ponemos nerviosos, nos entra la ansiedad y buscamos, lo que sea, para llenar este espacio.

Hemos perdido el arte de no hacer nada, de cerrar la puerta al ruido de afuera, de negarnos a las distracciones inútiles, de sentir nuestros pensamientos, de acompañar nuestra respiración. Hemos perdido el tiempo para meditar, para cuidar de nosotros mismos y de todo aquello que nos rodea. Hemos creído que el tiempo libre se compra y no nos damos cuenta de que, simplemente, lo tenemos en nuestras manos.

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