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Cantar, una costumbre que nos hace felices

publicado en: MY SELF, VIVE SLOW | 0

La frase popular dice que quien canta su mal espanta. Y es que cantar nos hace felices, porque cuando cantamos conectamos con aquellas emociones que nos aportan bienestar.

Cantar como ejercicio de Mindfulness

Si tenemos un mal momento y sentimos una canción que nos hace vibrar, que nos gusta y que nos transporta a unos recuerdos bonitos, seguramente nuestro estado de ánimo mejorará.

Pero si además cantamos, nos transportamos a un estado de euforia que nos permite evadirnos de los problemas que nos tenían preocupados, porque el oído, la voz y el cuerpo y la mente se concentran en una sola cosa que nos hace estar plenamente conectados con el Aquí y el Ahora.

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Cantar es una práctica de mindfulness perfecta para reconducir las emociones negativas.

¿Por qué no cantamos tanto?

Hay quien canta en la ducha, mientras cocina, cuando trabaja … Quien canta sobre las canciones que suenan en la radio o quien canta a capella. Pero también hay quien nunca canta. Por pudor, porque le han dicho que canta mal, porque no se siente a gusto con su voz…

La voz, nuestro instrumento

Cantar es una actividad tan antigua como la humanidad. Nos ayuda a distraernos, a canalizar emociones, transmitir conocimientos, crear comunidad …

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Para cantar sólo necesitamos nuestra voz, el instrumento más íntimo y primitivo. Un instrumento, único y cargado de personalidad, que nos ofrece la oportunidad de vehicular sentimientos y transmitir emociones.

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Cantar mientras trabajamos o hacemos tareas

Hasta hace poco tiempo la gente cantaba mientras trabajaba, se cantaban tonadas coadjudatives que acompañaban y aliviaban trabajos duros como los del campo; encontramos canciones para reunir aceitunas, para segar, etc. Otros que se cantaban en trabajos rutinarios y en comunidad, como los romances, que tanto podían ser cantados por costureras como por pescadores, mientras hacían trabajos que les permitían seguir el hilo de una historia que narraba hechos aleccionadores, históricos o sucesos recientes.

Las canciones acompañaban también las tareas del hogar y los ratos junto al hogar, en familia. Eran, pues, una herramienta de transmisión oral que, de generación en generación, ayudaba a crear un imaginario colectivo y ha traspasar valores, conceptos morales y conocimientos sobre el funcionamiento social.

¿Por qué ya no cantamos tanto?

Hablo en pasado cuando me refiero a esta usos de la canción ya que, actualmente, en nuestra sociedad, no la usamos de esta manera.

Las tipologías de trabajos han cambiado, y nadie se imagina un oficinista cantando un romance ante el ordenador, porque desconcertaría a los compañeros de trabajo; en las fábricas, los fuertes ruidos de las maquinarias no propician las canciones cantadas en comunidad, y la música se escucha en formato audio, vía cascos, de forma individual.

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Escuchamos más y cantamos menos

Pero esto no quiere decir que la gente ya no escuche canciones. En la radio, en la televisión, en internet, nos cantan. Tenemos voces extraordinarias que nos cuentan historias, y nos acompañan con preciosas melodías. La música nos llega por nuevas y múltiples vías.

No es necesario que haya alguien que nos cante en directo, ni que cantamos nosotros mismos, para disfrutar de las canciones. Ya tenemos quien lo hace, y lo hace muy bien. Pero sin ser conscientes de ello, este consumo de música se convierte en pasivo.

¿Cantar es cosa de niños?

Ahora tenemos más acceso a la música que nunca, pero estamos dejando de cantar, de producir música con el instrumento más íntimo, y que tenemos más al alcance. Por pudor, por tabúes hacia la propia voz, la vergüenza de cantar en público está presente en nuestra sociedad, sobre todo entre los adultos. Cantar está pasando a ser una cosa de niños y de jóvenes con guitarra, pero los adultos cada vez nos alejamos más del placer de cantar por el simple hecho de cantar, ya sea en soledad o en comunidad.

Cantar, un hábito que nos hace felices

Cantar ha dejado de ser un hábito para buena parte de la población adulta de nuestra sociedad.

canta

Un hábito tan saludable como la dieta mediterránea. Pero volver a cantar como cuando éramos niños está en nuestras manos. Basta algo previo: Reconciliarse con nuestra voz y amarla tal y como es, siendo conscientes de que cantamos para sentirnos felices, no para hacer felices a las orejas de los demás!

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Os dejamos con 3 ideas para recuperar el hábito de cantar:

1- Canta mientras haces tareas o cocinas

Haceos una lista de reproducción con canciones que os gustan y cantad sobre ella, con el volumen bien alto!

2- Canta en la ducha

La acústica del lavabo es ideal para hacerte sentir un cantante de primera. Si te duchas por la mañana elige una canción animada y que te aporte buen rollo, verás como sales de la ducha con dosis extras de energía. Y si te duchas por la noche elige una canción que te serene los ánimos y te invite a valorar la belleza de la vida!

3- Canta por la calle

Verás como resulta liberador cantar mientras caminas por una avenida llena de coches. Sólo te sentirán aquellos que pasen por tu lado y quién sabe, ¡quizás se les contagie!

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