La crianza y la educación en la vida slow

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Una de les principales razones por las cuales hay gente que se pasa a la revolución slow son los hijos. Su crianza y educación se convierten en un objetivo de vida para muchos padres y es uno de los ejes principales que mueve la vida slow. Poder ofrecerles más tiempo, acompañarlos en su crecimiento y en su formación como personas, teniendo una vida más cercana a la naturaleza, comiendo de una manera más equilibrada, evitando trasladarles el estrés de nuestras trabajos … son algunas de las razones por las que muchos padres y madres optan por la vida slow.

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¿Qué es una crianza o una educación slow?

La crianza slow es reconocer que nuestros hijos necesitan un acompañamiento, un apoyo, pero también unas guías y unos límites y que esto se lo podemos enseñar sin gritar, sin castigos incoherentes y sin amenazas que nunca se cumplen (o lo que es peor , sí se cumplen). No te equivoques, no se trata de ser unos padres indulgentes que todo lo aceptan porque sus hijos son lo mejor. Para una crianza sana se necesita una armonía entre autoridad y apoyo.

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Y esto lo podemos transmitir con comprensión, con cambiar castigos y amenazas por consecuencias, con saber escuchar sin precipitarnos a juzgar, con saber priorizar y, sobre todo, con dar mucho amor de manera incondicional: “yo te quiero por quien eres, no por lo que haces, en consecuencia cuando te portas mal te quiero; cuando te enfadas y tiras las cosas, te quiero; cuando das un portazo o te acaloras diciéndome palabras desagradables, te quiero. Sin embargo, no me gusta que tires cosas, me molesta que des portazos y me duelen tus palabras. Y te lo debo hacer saber “.

El tiempo en la crianza slow

La educación slow es dedicar tiempo de calidad a nuestros hijos. Esto es cierto. Y muchos pensarán: ¡si ya lo hago! Sí, pero ¿cuánto tiempo, le dedicas? ¿Aquellos 20 minutos antes de ir a la cama para leer un cuento haciendo un esfuerzo para que no se te note el día tan terrible que has tenido? ¿Y el resto del día?

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“Pasar tiempo con nuestros hijos es la base de una crianza slow”

Un amigo me hacía notar que cada vez los cuentos para leer a los niños en la cama son más cortos: cuentos de 3 minutos, de 2 minutos, de 1 minuto, cuentos de 50 segundos !!! … El problema, me decía no es que no queramos pasar este momento tan especial con nuestros hijos, sino que estamos tan reventados del trabajo y de nuestro día a día que nos autoconvencemos que vale más un momento de calidad que mucho tiempo “normal”. Y nos equivocamos.

Es cierto que es importante un tiempo de calidad, unas dos horas al día recomienda el psicólogo y educador Àlex Letosa. Un tiempo para pasarlo juntos. No es necesario que sea un tiempo haciendo alguna actividad especial (o sí, que tal una vuelta en bici, ir a hacer un chocolate con churros, un paseo por el bosque o un voluntariado juntos), puede ser tiempo cocinando juntos, jugando a un juego de mesa, saliendo a pasear juntos, a sacar hierbas del jardín o del huerto, a sentarse en la mesa juntos para almuerzo, cena y / o desayuno charlando de nuestro día a día o de lo que sea necesario …

Educación slow: tenemos que estar presentes

Pero también es muy importante el otro tiempo, aquel en el que sólo estás presente. Aquel que si ha tenido un problema en la escuela que le está costando de digerir sabe que acercándose a la cocina o al salón te encontrarán para contártelo. Aquel que cuando no entienden un apartado del ejercicio de mates sólo te tienen que llamar para que vengas a ver si lo podéis solucionar juntos. Aquel que cuando se aburren saben que abriendo la puerta la pueden charlar contigo. Aquel en el que saben que pueden contar contigo en todo momento, sin tener que buscar una excusa.

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Caminar Quiet

Hace unos días, una persona muy especial para mis hijos (y también para mí, porque no decirlo), Àlex Letosa presentaba un libro muy interesante “Caminar Quiet”. En otro post os quiero hablar de este libro que nace de su experiencia como psicólogo, profesor, director de un centro educativo, investigador y, sobre todo, padre de tres hijos. Este libro contiene un decálogo para el éxito educativo, pero lo que más me gustó fue que en cada capítulo te hace una autoevaluación que te permite mirar tu manera de educar desde fuera. Esto, creo, es mucho más útil que los miles de consejos que uno recibe durante la crianza de sus hijos. Porque te hace ser consciente de qué haces y cómo lo haces, y preguntarte si realmente quieres seguir haciéndolo así.

Educar tiene mucho que ver con la actitud y el con el acompañamiento, no estar encima, sino a un lado.

Carles capdevila

¿Qué no es una crianza slow?

Hay gente que cree que la crianza slow es un inmenso sacrificio. Que te obliga a dejarlo todo. A suprimir el resto de tu vida y enfocarla exclusivamente en nuestros hijos. A dejar de existir como individuos y encasillarte exclusivamente en el papel de padres y madres. Esto lo hicieron muchas de nuestras abuelas (incluso algunas madres), pero no se trata de eso.

La crianza slow parte de ser felices con uno mismo.

Para empezar, porque la crianza y educación slow parten de una idea compartida con nuestra pareja. Y es justamente esta pareja, quien tiene que apoyarnos, en la misma medida que nosotros le apoyamos. Para ello, hay que cuidar nuestra relación y mimarla cada día. Pero es que para poder cuidar de alguien, nosotros tenemos que ser felices con quiénes somos y con lo que hacemos. Por lo tanto, la crianza slow parte de sentirse a gusto con uno mismo, para así poder compartir con la pareja la educación de nuestros hijos de una manera más armoniosa y consciente.

¿Hijos, único objectivo en la vida?

Si no hacemos esto, si convertimos a nuestros hijos en nuestro único objetivo en la vida, corremos el riesgo de volvernos superprotectores (algo que no conviene a ningún hijo para poder crecer con autonomía y responsabilidad), de enfocar nuestras metas y fracasos en ellos (y son ellos los que se han de buscar los suyos propios), reflejar nuestros miedos en exceso (y que ellos los asuman como propios).

Pero además, si nuestros hijos se convierten en el único eje de nuestra vida, se empobrece nuestro presente y nuestro futuro (especialmente cuando sean lo suficientemente mayores como para irse de casa) y, en consecuencia, también empobrece el suyo, porque tengamoslo claro, nuestros pequeños se nutren principalmente de nuestras experiencias y de cómo las afrontamos.

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